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sábado, 16 de junio de 2012

Va de adaptaciones y remakes

Es por todos sabido que, últimamente, en las grandes pantallas de todos los cines se están proyectando una cantidad ingente de películas basadas en novelas o en otros casos películas ya llevadas al cine con anterioridad. Esto nos lleva a plantearnos muy seriamente en qué diantres piensan nuestro amigos, ésos que se suponen se tienen que estar devanando los sesos para ofrecer entretenimiento al gran público que desde hace más de cien años ocupamos una butaca en una de las grandes salas de cine de todo el mundo.

En nuestro caso, las que aquí firmamos... ¡vamos al menos dos veces al mes al cine! En otras ocasiones hemos llegado a contabilizar una película por semana (según cartelera) y nos hemos dado cuenta de que... ¡Cada vez son más veces las que terminamos viendo algo de lo que ya conocemos el argumento bien porque está basado en un libro que hemos leído bien porque son nuevas versiones de algo que ya disfrutamos en su momento.

Y, como para muestra vale un botón, os hacemos un breve recorrido por nuestra «videoteca particular»:
  • Los libros de la serie Crepúsculo
  • La primera novela de Los Juegos del Hambre
  • Las novelas de Federico Moccia
  • La serie «Harry Potter» de J. K. Rowling
  • Próximamente la serie de E. L. James «50 sombras» y la serie de Cassandra Clare «Cazadores de sombras»,
  • Los clásicos románticos de siempre de autoras como las hermanas Brontë, Austen y otras…
  • Y en series de televisión como: «Crónicas vampíricas» y «El círculo secreto» de L. J. Smith, «Trueblood» de Charlaine Harris, «Canción de fuego y hielo» de George R. R. Martin y, próximamente, Sherrilyn Kenyon con sus Cazadores Oscuros, entre otras.

Si recapacitamos sobre ello… sólo se nos puede plantear una cuestión principal: ¿Por qué?
Y luego, varias secundarias:

1.- ¿Se les han agotado las ideas y la imaginación a guionistas, directores y/o productores?
2.- ¿Es necesario volver a lanzar una película una y otra y otra vez con distintos actores pero cuyas tramas son tan iguales que cansan a los espectadores?
3.- ¿Intentan mejorar la calidad de las versiones anteriores en el caso de los remakes pese a que los «puristas» del cine y de las versiones originales se les puedan echar encima?
4.- ¿Es simplemente otra forma de marketing con el fin de relanzar una novela en el caso de las adaptaciones y sacar ambas empresas (la cinematográfica y la literaria) más tajada y beneficios?
5.- ¿No se llevan a cabo proyectos como es el caso de las comedias románticas que, una vez vista una pareces haber visto el resto?

A veces nos acoplamos ante una pantalla con la sensación de haber visto la película en proyección pese a que, aparentemente, no se parece en nada pero cuya esencia está impresa en el nuevo largometraje. Si echamos un vistazo a vuelo de pájaro por algunas escenas de la película «Abajo el amor» interpretada por Ewan McGregor y Reneé Zellweger nos damos cuenta que existen ciertos paralelismos con una de Michael Gordon de los años ’60 y cuyos protagonistas principales son Rock Hudson y Doris Day. Me refiero a «Confidencias de Medianoche» cuya crítica ya apareció en un número de la revista RománTica’S hace algún tiempo. Pues bien, casi prefiero que antes de llevar a cabo este «latrocinio» se vuelva a hacer otro malo remake.


O también es cierto que hay adaptaciones del tipo Bollywood sobre uno de los grandes clásicos de Jane Austen, «Orgullo y Prejuicio», cuyo título en el cine era «Bodas y Prejuicios», adaptación bastante decente si partimos de la base que es una actualización de la novela y con una ambientación ajena al escenario que en un principio se plantea en el libro. O «Diez razones para odiarte» que se basa en el clásico de Shakespeare «La fierecilla domada» y que también tiene versión española con Carmen Sevilla como protagonista. Y la lista es larga…
De las versiones que se han hecho de «Los tres mosqueteros» de Dumas he perdido la cuenta, «Cumbres Borrascosas», etc., etc., etc…

Pero es que, en los últimos tiempos, estamos siendo invadidos. El gran boom nos ha llegado por parte de productoras cuyo interés es captar la atención del público más joven y, siendo éstas algunas veces más acertadas que otras o, incluso, en alguna ocasión una cagada total y absoluta.

Ni caso tiene hablar de la desafortunada adaptación del libro de Julie Garwood «Tiempo de Rosas» que fue llevada a la pantalla bajo el título de «Rose Hill». He visto adaptaciones malas, pésimas incluso, pero ésta… ¡creo que se lleva la palma! PEOR, IMPOSIBLE. En el caso de las novelas de Nora Roberts encontramos de todo pero nada como el desastre total y absoluto del caso que os hablo.

Pero vamos, que ya quisiéramos que, al menos, la gran mayoría, se adaptara tan bien al homónimo original como lo ha sido «Amanecer-Parte 1», «Los Juegos del Hambre» o «Juego de Tronos» ¿Dónde hay que firmar para ello?

Próximamente veremos en pantalla «50 sombras de Grey» y tendremos que ver qué van a hacer con ella sus responsables. Solo esperamos que los nombres que se barajan para el papel de Anastasia no sean los que han llegado a nuestros oídos porque podría ser una auténtico desastre. ¿Os imagináis a Kirsten Stewart haciendo de Ana? Si no teníamos bastante con saber que la novela de James partió de un fic de Crepúsculo... ¡Añadámosle más morbo al asunto! Pero desde ahora, hasta entonces… sólo nos queda rezar parar que no nos hagan un estropicio de juzgado de guardia con ella, con la serie de los Cazadores Oscuros de la Kenyon o la de la serie Fiebre de Karen Marie Moning.



Un artículo de: Yuliss y Elfled

lunes, 28 de noviembre de 2011

La novela romántica hoy, ¿sigue siendo un género de tercera?

Nuestra conclusión, desgraciadamente, sigue siendo .

Y la razón de este artículo es la indignación que nos ha producido este otro…


Aún hoy, en pleno siglo XXI, a las lectoras de novela romántica en España se nos sigue considerando, por según qué medios, como mujeres ancladas en el pasado, como aquellas «marujas» que estaban encerradas en casa, amargadas (según quien lo mire) de o por la vida, mujeres con la mentalidad propia de las de entre 40-50 de la época de nuestras abuelas y que no hemos tenido la oportunidad de estudiar una carrera universitaria. 

Pero todos lo que piensan eso… ¡están equivocados! El porcentaje de mujeres entre 20-35 años que leemos novela romántica, tenemos como estudios mínimos el bachillerato y nuestra cultura es alta en la gran mayoría de los casos. Nuestro problema es, que en esta sociedad consumista, somos unas idealistas que aún creemos en un sentimiento que muchos ya tachan de obsoleto: el amor.

¿Acaso Pablo Neruda era un necio por escribir sobre el amor? ¿Lo era Bécquer? «Ah, pero eso es poesía, no una novela ñoña de amor», dirían muchos.  ¿Acaso el género lírico no cuenta como literatura? ¿O es que son las novelas románticas las que no se consideran como tal por la mayoría de la población española?

El amor es el hilo central de cualquiera de las novelas que nos gustan y  leemos normalmente; pero vamos, incluso los grandes de entre los grandes recurren a él para introducirlo de forma subrepticia en sus obras. Véase Ken Follet,  o Carlos Ruiz Zafón, o Chufo Lloréns, o Ildefonso Falcones, que son autores bastante conocidos y que no son famosos particularmente por escribir novela romántica. Sin embargo, usan ese romanticismo para darle el toque mágico a sus obras, porque admitámoslo, a pesar de vivir en una sociedad donde las relaciones sentimentales están muy, muy infravaloradas, ¿quién no se ha enamorado alguna vez y le ha salido la vena «ñoña» y «romanticona»? 

Y mirándolo así, ¿qué sería de una novela como «Los pilares de la Tierra» sin la historia de amor que protagonizan el hijastro de John y la mujer de su verdadero hijo?

¿Es «La Regenta» una novela de tercera? ¿Y qué me decís de la novela de Margaret Mitchell «Lo que el viento se llevó»? Podría contar cientos de libros con el amor como hilo conductor y que sin embargo éstas sí que están bien vistas por los críticos. ¿Por qué las de Kleypas, Howard, Jeffries, Adrian, Balogh, Chase & Company… no? 

Es curioso, porque si tomamos como referencia Estados Unidos, o incluso el Reino Unido, este no es el caso para nada. Se espera que la mayoría de las mujeres, jóvenes y no tan jóvenes, lean libros de género romántico, y no se las tacha de «incultas» o «ñoñas» por hacerlo. A diferencia de España, la población anglosajona lee muchísimo más, y esto está probado estadísticamente, que en nuestro país. Y no es nada raro encontrarse semanalmente  los nombres de J.R. Ward, Nora Roberts, Sherrilyn Kenyon, Danielle Steel, Lisa Gardner, Debbie Macomber, Julie Garwood, Joahanna Lindsey, Gena Showalter, Jeaniene Frost, Susan Mallery, Stephanie Laurens, Charlaine Harris o Christine Feehan, entre otras muchas, en la lista de Best-sellers del New York Times. 

Las novelas románticas tienen un estatus social muy superior al que pudieran tener en España. ¿Por qué? 
Es para reflexionar. Reflexionar y mucho. ¿Qué es o cuáles son los elementos que las hacen estar entre los géneros  pueriles de los que se consideran los grandes críticos literarios en nuestro país?

Todas saben describir de forma maravillosa, no se entiende el porqué de esta distinción, de esta disgregación.
A quienes piensen que las lectoras de novela romántica somos gente inculta, nos gustaría preguntarles cuáles son las carreras han estudiado ellos para poder hablar de esa forma. Porque, con todos nuestros respetos, ¿os habéis dado cuenta de que en un alto porcentaje de los casos aquellos que hablan mal de la novela romántica son los que no han abierto un libro en su vida? Ellos sí tendrían por qué callar. 

Nosotras, como dijo una vez Deveraux, tenemos una memoria que haría llorar de envidia al ordenador central de la NASA ¿Pueden ellos decir lo mismo?

Pero en el fondo, vivimos en una sociedad en la que se nos trata como al ganado: los medios de comunicación dicen algo, y eso va a rajatabla. La gente no hace otra cosa que ceñirse a lo que nos enseñan cada día. ¿Cuántas noticias dedicadas a la cultura literaria podemos encontrar en los telediarios, o incluso en prensa escrita, pongamos, cada mes? Muy pocas. ¿Y cuántas de esas noticias están dedicadas a la literatura romántica? Casi ninguna.  Pero seguro que más de uno y una habrá podido ver algún anuncio promocional de libros de Kenyon, J.R. Ward, Cassandra Clare, Kathryn Smith, y un largo etcétera emitidos en Estados Unidos. 

No obstante, aquí en España somos muchas las voces que nos alzamos contra esta discriminación, muchas somos las personas que apostamos porque este género llegue al lugar que se merece. Las lectoras de romántica somos personas leales al género, ya no nos escondemos como antes, ¿por qué habríamos de hacerlo?  La sociedad nos puede mirar como quiera, nos pueden tachar de lo que quieran, pero ¿saben qué?

Nosotras leemos romántica, SÍ, y a mucha honra, ¿a quién cuernos le importa?

Artículo de: Yuliss y Elfled (colaboradora de Románticas al Horizonte)